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Belleza

Rutilante, rubia, haciendo sonar panderetas y tambores a la luz de la hoguera, bailando entre jóvenes cíngaras, recuerdas la primera vez que la viste. Brillaba el halo misterioso de su energía, el encuentro con el movimiento de sus formas. Desprendía no sabes qué gracia, alegría que no puedes asir. Es imposible aprehenderla. Ahora está delante de tu puerta, esplendida, exuberante, inmutable, fecunda, con su cabellera de mujer al viento bajo un cielo de azul intenso con las nubes blancas pasando lentas. Desesperado piensas: te ciño, te ciño y te ciño, pero no te comprendo.

por Placido Fernández Pla ·

Editado el 23 de agosto de 2026 a las 19:43

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